¿Qué pasó?

¿Qué pasó?

Fue algo increíble para ti encontrarte con Dios, por primera vez en toda tu vida le encontrabas un verdadero sentido a tu existencia. El encontrarte con El fue algo que cambio por completo tu perspectiva de la vida, un venda fue quitada de tus ojos y por fin comenzaste a ver un panorama distinto.

Comenzaste a leer la Biblia, cada vez que la leías aprendías algo nuevo, había un hambre muy grande hacia su Palabra, querías aprender mas y mas cada día, devorabas cada versículo, tratabas de aprendértelos, era algo fascinante lo que vivías.

Ir a tu congregación era algo especial, anhelabas sin duda que Dios te hablara de manera especial y siempre había una Palabra de Dios para ti, ponías una atención única al que compartía la Palabra y en muchas ocasiones lloraste mientras escuchabas las palabras que Dios tenia para ti en ese día.

Comenzaste a servir, era momento de agradecer a Dios a través de tu servicio, tu primer privilegio fue soñado, no lo podías creer, estabas haciendo algo para Dios, sentías que eras la personas más bendecida de toda la tierra al tener el hermoso privilegio de servirle al Señor y sin duda lo hacías con un corazón tan sincero y humilde y estoy seguro que Dios se alegraba de verte feliz.

Los problemas venían sobre tu vida, mas sin embargo tu amor por Dios no te permitía verlos sino más bien, veías al Dios que te ayudaría a solucionarlos. Cada vez más aprendías sobre El, sobre su forma de actuar, sobre su manera de tratar personalmente contigo, era una relación especial la que tenias con El.

Podías pasar mucho tiempo a solas con El, hablando con El, era como tu mejor amigo, podías pasar horas y horas leyendo su Palabra y aprendiendo. Podías adorarlo con completa libertad. Tenías un corazón tan sensible a Dios y a su presencia que en muchas ocasiones llorabas delante de Él, no por tristeza, sino de un gozo enorme que inundaba tu ser, realmente eran momentos únicos que vivías junto a Él.

Con el tiempo algo cambio en ti, aquel gozo de un principio fue menguando poco a poco, aquellos momentos que pasabas con Dios fueron siendo cada día más escasos, poco a poco permitiste que ciertos sentimientos negativos crecieran en ti, descuidaste la lectura que en otros tiempos tenias, creíste que ya habías leído lo suficiente; ahora el predicador te parecía aburrido o falto de conocimiento.

Poco a poco el gozo de servir se fue apartando de tu vida, ahora ya no te sentías privilegiado de poder servir, creíste que otros lo podían hacer y aun mejor que tu, el servicio comenzó a convertirse en una carga para tu vida. Asistir ahora a la Iglesia no era una prioridad, ahora otras cosas habían consumido tu tiempo y cuando pudieras entonces asistirías, Dios tendría que entenderlo (según tu).

De pronto todo cambio, ya no era lo mismo, el caminar cristiano ya no te parecía una prioridad, el hambre espiritual estaba desapareciendo, ahora eras fácilmente atraído por otras cosas que poco a poco se están convirtiendo en prioridades por encima de tu relación con Dios.

Ante esto yo te pregunto en esta hora:

¿Qué paso con aquella persona que había encontrado en Dios el verdadero sentido de su existir?, ¿Qué paso con aquella persona que estaba súper agradecida por lo que Dios estaba haciendo con su vida?, ¿Qué paso con aquella hambre de Dios que había en ti?, ¿Qué paso con aquellos momentos únicos que pasaste con Dios?, ¿Qué paso con aquellas promesas que en su día le hiciste a Dios?, ¿Qué pasó contigo?, ¿En qué momento de tu vida permitiste que todo se fuera apagando?, ¿Qué pasó?

Hoy Dios tiene una Palabra especial para tu vida:

“Estoy enterado de todo lo que haces, y sé que por obedecerme has tenido muchas dificultades. También sé que las has soportado con mucha paciencia, y que rechazas a los malvados. Has puesto a prueba a los que no son apóstoles pero dicen serlo, y has demostrado que son unos mentirosos. Has sido paciente, y por obedecerme has sufrido mucho. Pero aun así no te has cansado de obedecerme. ‘Sin embargo, hay algo que no me gusta de ti, y es que ya no me amas tanto como me amabas cuando te hiciste cristiano. Por eso, acuérdate de cómo eras antes, y vuelve a obedecer a Dios. Deja de hacer lo malo, y comportarte como al principio…”

Apocalipsis 2:2-5a (TLA)

No es momento de lamentarse, no es tiempo de culparse, al contrario es tiempo de volver a los orígenes, es momento de volver a las sendas antiguas, a esos tiempos en donde estar con Dios era lo único que querías.

Es hora de reconocer delante de Dios nuestros errores y nuestra enorme necesidad de Él, Dios está dispuesto a restaurar nuestra vida, nuestra relación íntima con El y sobre todo, nuestra amistad que tanto gozo nos provocaba.

 

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Author: IBM San Miguel